Cómo ayudar a los niños en el manejo de sus emociones

El desarrollo emocional del niño comienza desde el momento de su gestación. Tras el nacimiento los padres aprenden a reconocer sus emociones y serán los responsables de su crecimiento, la tarea en parte será compartida con los docentes que impulsarán la formación de los niños desde las escuelas.

Un niño que llora de tristeza o a causa del miedo no quiere nada más que ser consolado. El amor y el abrazo de los padres durante los primeros años de vida son las piezas fundamentales para el crecimiento y la tranquilidad que necesitan los niños. De esta forma, los padres o representantes que tienen bajo su responsabilidad a niños pequeños se convierten en una especie de «contenedor» de sus emociones y deben ayudarlo a vivir mejor.

Por ejemplo, el miedo, es una de las emociones que más experimentan los niños, especialmente cuando inician la fase de desapego de su madre para empezar a adquirir autonomía en la etapa escolar. Por lo general asociamos el miedo como una emoción negativa, pero en realidad no lo es.

El miedo, como todas las emociones fuertes, debe reconocerse y controlarse. Por medio de sus padres, los niños pueden aprender a reconocer el miedo y a entender cómo utilizarlo en su beneficio. De hecho, el miedo se considera positivo cuando nos protege de peligros y nos ayuda a alejarnos de una situación de riesgo. Si los niños no comenzaran a sentir miedo, terminarían lastimándose. En cambio, con el tiempo comprenderán cómo reconocer situaciones peligrosas, cómo defenderse y cómo afrontar las dificultades.

Las principales herramientas para ayudar a los niños son la comprensión y el amor. El vínculo entre padres e hijos es completamente natural e incondicional y no pide nada a cambio. Un sano desarrollo emocional de los niños depende precisamente de los padres, que podrán entrar en juego afrontando los problemas cotidianos con la mayor tranquilidad y diálogo posible. Sin embargo, cuando sea necesario, los padres deben volverse estrictos: es parte de su rol hacer que el niño comprenda que existen límites y asegurarse de que sus emociones no se vuelvan radicales en su expresión.

Los niños aprenderán a reconocer momentos de calma y serenidad a través de la sonrisa de sus padres, de esta manera, la sonrisa se convierte en una herramienta importante en su cotidianidad, por ejemplo, para armonizar un clima de tensión después de una pelea.

Enseñar a los niños a manejar sus emociones es importante y se puede aplicar a través del juego. Ya que en el mismo se establece la oportunidad para que el niño aprenda a escucharse y respetar la integridad de los demás. El juego en los niños no solo es una actividad divertida y de entretenimiento, sino también una herramienta de aprendizaje.

Los juegos de relajación donde se pueda acostar o sentar tranquilamente y escuchar su respiración son elementos especiales y adecuados para estimular en los niños el seguimiento de instrucciones y manejo de sus impulsos.

A los niños también les encanta escuchar cuentos e historias y es una actividad donde se le permite demostrar emociones de forma creativa. En muchos cuentos infantiles hay emociones como la tristeza o el miedo. Es una buena manera para leer cuentos en voz alta como un instrumento para aprender a expresar emociones y cómo responder ante ellas por medio de los personajes y sus actitudes.

Finalmente, para ayudar a los niños a vivir mejor sus emociones, puedes seguir estos sencillos consejos. Primero, asegúrate de que tu hogar sea un lugar donde te sientas seguro y donde puedas expresar emociones sin reprimirlas, donde puedes hablar abiertamente y cuidarse unos a otros con gestos afectuosos.

Luego, mantén una actitud de amor y comprensión al acercarse a tus hijos en el día a día. Cuando tus hijos se porten mal, hazles entender que sus acciones fueron incorrectas sin poner en peligro su autoestima y sin darles la duda de que ya no los amas. Enséñales a respetarte y a tomar medidas para compensar sus errores.

Y por último, dedica tiempo, interés y ganas a tus hijos, enséñales a superar retos sin enfrascarse en los problemas. Si eres entusiasta, ellos también lo serán.

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